Por años, los abogados aprendimos que un escrito judicial debía convencer principalmente a una persona: el juez. Toda la técnica de litigación, redacción y argumentación jurídica estaba orientada a cómo un ser humano leía, interpretaba y valoraba un expediente.
Pero
eso está cambiando.
El
reciente caso ocurrido en Brasil —considerado uno de los primeros grandes
antecedentes de “prompt injection” dentro de un sistema judicial— ha dejado
algo muy claro: la inteligencia artificial ya empezó a intervenir en el
ecosistema jurisdiccional de manera mucho más profunda de lo que muchos
imaginaban.
En
dicho caso, dos abogadas fueron sancionadas luego de insertar instrucciones
ocultas dentro de una demanda judicial. El texto, colocado en letras blancas
sobre fondo blanco, estaba dirigido no al juez humano, sino a la inteligencia
artificial utilizada por el tribunal laboral brasileño. El mensaje buscaba
influir en la forma en que el sistema analizaba o resumía el expediente.
Más
allá de la sanción concreta, el caso revela algo mucho más importante:
La
litigación moderna ha empezado a transformarse.
La
IA judicial ya no es un tema futurista
Durante
mucho tiempo se pensó que la inteligencia artificial en el Poder Judicial
serviría únicamente para temas administrativos como los siguientes:
- Ordenar
expedientes.
- Clasificar
documentos.
- Generar
cargos.
- Distribuir
causas.
- Acelerar
notificaciones.
Sin
embargo, países como Brasil ya utilizan sistemas capaces de:
- Resumir
expedientes.
- Identificar
precedentes.
- Sugerir
líneas jurisprudenciales.
- Analizar
demandas repetitivas.
- Hasta
proyectar borradores de resoluciones.
En
el Perú, el Poder Judicial ha iniciado el desarrollo de herramientas como
CURIA, orientadas justamente al apoyo en análisis jurídico y optimización de
decisiones judiciales.
Formalmente,
la decisión sigue siendo humana. Pero materialmente, la inteligencia artificial
ya empezó a participar en la construcción del entorno cognitivo sobre el cual
el juez trabaja. Y eso cambia completamente las reglas de la litigación.
Ya
no litigamos únicamente para el juez
Este
es probablemente el cambio más importante.
Antes,
el abogado preparaba su caso pensando en:
- La
percepción del magistrado.
- La
oralidad.
- La
valoración humana de la prueba.
- La
coherencia narrativa.
- La
estrategia procesal frente a la contraparte.
Hoy
aparece un nuevo actor silencioso:
El
sistema de inteligencia artificial, aunque no dicte sentencia por sí mismo, sí
puede:
- Resumir
escritos.
- Priorizar
información.
- Identificar
patrones.
- Agrupar
casos.
- Recomendar
jurisprudencia.
- Extraer
conceptos.
- Sugerir
líneas argumentativas.
En
otras palabras:
El
expediente ya no es leído exclusivamente por personas, sino también es
procesado por modelos algorítmicos.
El
nuevo escenario que nos encontramos es con el escenario de litigación híbrida.
Esto
nos lleva a un fenómeno nuevo:
El
abogado moderno empieza a litigar simultáneamente ante:
- El
juez humano,
- La
estructura informática del tribunal.
- Los
motores de búsqueda jurídica.
- Los
sistemas de clasificación.
- Los
asistentes generativos.
- Los
algoritmos de extracción de información.
La
claridad documental deja entonces de ser únicamente una virtud estética o
técnica.
Ahora
también se convierte en un elemento de legibilidad algorítmica.
Un
escrito mal estructurado puede afectar no solo la comprensión del juez, sino
también:
- Cómo
la IA resume el caso.
- Qué
conceptos detecta.
- Qué
precedentes relaciona.
- Qué
hechos considera centrales.
El
riesgo de la automatización invisible
Aquí
aparece un tema delicado, la inteligencia artificial no tiene inmediación.
No
percibe:
- Lenguaje
corporal.
- Contradicciones
vivas.
- Tensión
del interrogatorio.
- Credibilidad
humana.
- Contexto
estratégico del litigio.
Puede
resumir información, pero no puede reemplazar completamente la valoración
jurisdiccional propia de un proceso judicial.
El
riesgo entonces no es solamente tecnológico sino también jurídico, porque
mientras más dependan los sistemas judiciales de herramientas automatizadas,
mayor será el peligro de:
- Motivaciones
aparentes.
- Uniformización
acrítica.
- Sesgos
algorítmicos.
- Simplificación
excesiva de casos complejos.
- Validación
automática de conclusiones preliminares.
Y
precisamente por eso el caso brasileño fue tan importante: porque mostró que
los litigantes ya entendieron que la IA sí influye dentro del proceso judicial.
El
abogado del futuro no solo dominará derecho
Tenemos
que reconocer que la transformación ya empezó, así como en algún momento
nosotros los abogados tuvimos que adaptarnos:
- Al
expediente digital.
- A las
audiencias virtuales.
- A la
firma electrónica.
- A la
oralidad moderna.
Ahora
deberá comprender cómo funcionan los sistemas de inteligencia artificial
aplicados al derecho. No con el fin de poder reemplazar el razonamiento
jurídico, sino para poder entender el nuevo entorno en el cual se desarrolla la
litigación.
Porque
el expediente contemporáneo ya no circula únicamente entre personas, sino también
circula entre algoritmos. Y el abogado es quien debe comprender ya que si de lo
contrario, no llega a comprenderlo, probablemente seguirá litigando como si aún
estuviera en un sistema exclusivamente humano, cuando en realidad el ecosistema
judicial ya comenzó a cambiar.
David Torres
Barreto
Abogado experto en IA
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